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Vinos & Sabores Revista
Tanto para Reyes como para Reinas
Nuevos vinos, nuevas formas. Sin embargo, cuando se lleva el apellido Rutini, la novedad pasa por confirmar lo que enseña la tradición. Los vinos de Familia Reina son precisamente el resultado de esa combinación. Conocer aquello que tiene la tierra, saber la historia, apropiarse de la mejor tecnología. Ricardo Reina Rutini y su hijo Gonzalo nos hablan de futuro, que es uno de los mejores homenajes al pasado.


La Maison del Four Seasons es un lugar que, poco a poco, va adquiriendo cierta familiaridad para el imaginario colectivo. Cada estrella que pasó por la ciudad, estuvo ahí. Y si bien, no faltaron los elementos del estilo prensa amarilla, estrellas del pop que escuchaban cumbia a todo volumen y cosas por el estilo, aun impone respeto.
Hay algo en el ambiente que genera la sensación de que cosas importantes están por suceder. ¿Será la madera, el mármol, el tono un poco solemne que adquiere todo? Seguramente sea eso, pero también es, la certeza de que cuando alguien vuelve de un viaje, de una ausencia y nos reencontramos con lo familiar, con lo conocido, para lo que pasó el tiempo, de forma diferente.
El nombre Felipe y el apellido Rutini, son lo suficientemente conocidos como para no abundar en explicaciones innecesarias para los lectores. De hecho, Ricardo Reina Rutini, que está frente a nosotros con su hijo Gonzalo, bebiendo un café, mientras esperamos el lanzamiento de sus vinos, es el nieto de Don Felipe. Hace unos años, vendió su bodega. Pero claro, no vendió ni mucho menos, su conocimiento, su pasión y sus ganas. Durante todo este tiempo estuvo aprendiendo aun más, viajó mucho -no sólo al viejo mundo, sino también al nuevo, sobre todo a Australia-, y llegó a ciertas conclusiones acerca de cómo debía ser una bodega hoy en día. Su estrategia no fue capitalizarse, sino, más bien, buscar un joint venture. Socios que aportan no sólo capital, sino también trabajo. El mercado norteamericano es parte del conocimiento izador de los nuevos socios.
Pero también sumó nuevas formas e ideas. Nuevos métodos: tecnología y vinos con perfil nuevo. Lo cual, en una de las voces más tradicionales, suena muy interesante. Los vinos de Familia Reina (la elección del nombre también revela un nuevo estado de cosas) son la representación de ese cambio. Pero dejemos que ellos, Gonzalo y Ricardo, se expliquen.

¿Qué sucedió en los últimos nueve años? ¿Por qué decidieron volver al ruedo?
Lo que hicimos todo este tiempo es investigar. Pensar cómo se regresaba. Qué había de nuevo y dónde estaba la tecnología y las nuevas ideas. Seguimos investigando y aprendiendo. Buscamos en dónde estaban las innovaciones. Y así llegamos a la conclusión de lo que queríamos. Al mismo tiempo, el grupo que lidera H. Ward Lay, un norteamericano que tiene inversiones en las industrias de los alimentos y las bebidas en México y los Estados Unidos, nos brindó nuevos elementos: no buscábamos sólo capital, sino también, un partner, que no solamente tuviera que ver con la inversión, sino que nos aportara nuevos mercados, nuevas ideas. Que trabajara activamente junto a nosotros.

Lanzar una bodega debe ser un negocio importante. Más con la exigencia actual y, si se tiene en vista la exportación…
La inversión total en el proyecto es importante. Nosotros aportamos las 80 hectáreas de producción de uva que tienen en Tupungato y el manejo enológico de todo el proyecto. La enología, la idea y la personalidad del vino. Los productos, para ser exitosos, en los tiempos que corren, deben tener, antes que nada, personalidad. Y esa personalidad es fruto del trabajo y del estilo. Y de la tierra. Tal es la idea con la que trabajamos. Por su parte, Ward Lay correrá con la mayor parte de la inversión necesaria para poner en marcha la bodega y a cambio tendrá el control accionario de Finca Alicurá.

Casi diez años fuera del mercado deben haber dado una nueva perspectiva a todo…
Lo que hicimos básicamente es seguir aprendiendo. Y decidir cómo volver. En todo este tiempo, Argentina y sus vinos, cambiaron verdaderamente muchísimo. Durante todo este tiempo continuamos vinculados con la industria. De hecho, la finca siempre estuvo en nuestras manos. Mejoramos nuestras vides y descubrimos dónde estaba lo más interesante. Y el vino es esencialmente el resultado de uvas excelentes. Usted puede tener todo lo nuevo, de hecho debe tenerlo, pero sin uvas no hay vinos. Y justamente, eso es algo que en estos vinos de familia Reina está verdaderamente presente. La familia, además, cuenta con otras tres propiedades en Mendoza donde se dedica al cultivo y procesamiento de nueces, que en su mayor parte también se destinan a la exportación.

¿El proyecto está centrado en la exportación? ¿Esta es la clave de la idea?.
Sí, pero no únicamente. Nos interesa el mercado local, aunque el hecho de tener socios internacionales, nos aporta mucho en este sentido. La nueva bodega contará con una capacidad inicial de producción cercana al millón de litros. La idea es aprovechar los contactos que tiene Ward Lay en los Estados Unidos, con el objetivo de destinar el 70 por ciento al mercado norteamericano y el resto al mercado local y América latina. De esta última cuestión nos ocuparemos nosotros, a partir de nuestros contactos y trayectoria.

 

 

 



 

Además tienen planificado un proyecto de ecoturismo.
Claramente. Este es precisamente otro de los cambios de la industria. La gente quiere conocer acerca de dónde nace el vino. Por eso pensamos en un lugar que se pueda visitar, incluso quedarse, insertado en una ruta del vino en el que también estén nuestros vecinos. Creemos que la nueva bodega, al pie de los Andes, es un lugar interesante para visitar. Creemos que el enófilo puede aprender mucho y disfrutar. Y encontrarse con la historia de la vitivinicultura argentina.

Las tradiciones y la familia
«Todavía me cuesta», asegura Ricardo Reina Rutini cuando se le pregunta si le resultó difícil desprenderse de la Bodega La Rural en 1995. Y no es para menos, porque no sólo fue un emprendimiento fundado en 1885 por su abuelo, Felipe Rutini, que perteneció a su familia hasta la década pasada, sino que también don Ricardo puede jactarse de ser el creador de vinos muy reconocidos tanto en el mercado argentino como en el extranjero: el Cepas Tradicional, en el'67, y el primer Felipe Rutini que lanzó la bodega en los ´80.

¿Cómo se vincularon con Ward Lay?
Hace dos años, Lay hacía una recorrida por el lugar buscando oportunidades de inversión. Al pasar por el frente de una de las fincas sembradas de viñedos de la familia Reina Rutini, Lay se detuvo y le dijo a su acompañante, un comisionista mendocino: Quiero comprar esa propiedad. Le advirtieron lo que todos sabían: que los Reina Rutini no íbamos a vender jamás. «Entonces, quiero hacer negocios con ellos», dijo. Así empezó todo. A Ward no lo conocíamos como inversor en la Argentina ni sabíamos que estaba interesado en el negocio vitivinícola. Yo solamente había visto los paquetes de papas fritas Lay´s en el supermercado, era lo único que sabía de su apellido".

¿Cuánto se tarda en elaborar un lanzamiento como este?
Se firmó un memorándum de entendimiento en diciembre de 2002 y la firma del contrato en 2003. En Finca Alicurá S.A., Lay posee el 70% con un aporte de capital de u$s 6 millones, mientras que la familia Reina Rutini -integrada por Ricado y sus hijos Francisco, de 41 años; Ricardo, de 40, y Rodrigo, de 35- tiene el 30% restante. Nosotros aportamos, además, el know how, el management y la finca.

Claro que ese kow how tiene años detrás…
El gusto por la producción de vino fino creo que lo viví desde mi nacimiento, me lo transmitió mi abuelo, don Felipe Rutini. Si bien yo entré a trabajar en La Rural luego de hacerme de experiencia en otras empresas nacionales y en Europa, la vitivinicultura fue siempre una pasión para mí. A la enología la llevo en el corazón. La enología es tener paciencia, cariño y dedicación para algo que se va a ver en el futuro. Es como un niño que usted empieza a criar: que sea un buen ciudadano, una persona educada y afectiva, lo va comprobar después. Con el vino es lo mismo: hay que ponerle todo desde el momento en que no es nada hasta que llega a la copa.

La decisión de llamarlo Familia Reina debe tener que ver con eso.
Exactamente. La idea fue marcar una tradición, pero establecer una continuidad. La idea es que los jóvenes nos brinden nuevas perspectivas y agranden su panorama. El trabajo de hoy es para ellos Necesito ayuda, porque tengo 70 años y considero que si se va a encarar algo como el lanzamiento a un mercado, una ización y demás, son ellos, mis hijos, los jóvenes, los que van a tener que estar viajando, tratando con los proveedores, con los compradores, con los mercados. Yo ya cumplí mi etapa.
Gonzalo: pero la nuestra no es sólo una empresa familia. Cambiamos. Y la idea de gestión está basada en el profesio-nalismo. Para profesionalizar una empresa familiar primero hay que ceder, porque cada uno tiene su lugar y está muy cómodo. En una compañía de estas características todo es más permisivo porque hablás con tu padre, que siempre es más flexible. Creo que ahora cada uno tiene que tener más cuidado, porque en realidad hoy no se responde ante un padre sino ante un socio extranjero que está tal vez acostumbrado a trabajar en grandes negocios. Es más difícil.

¿Cómo definirían los vinos que salen hoy a la venta?
Son vinos modernos, muy propios de la expresión varietal. Nos importa aquello que mencionábamos al principio. Que sean argentinos, que representen a nuestra industria. Pero que también sean contemporáneos. Nosotros somos el pasado. pero un pasado vigente. Los vinos de Familia Reina, son también vinos del futuro.




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