Volver
 
 
 
Vinos & Sabores Revista


Las mejores copas también vienen sin pie

La posibilidad de beber vinos en vasos es una alternativa más que no va en desmedro de la calidad de la experiencia. Las grandes casas como Riedel proponen alternativas de verdaderas copas sin pie que comparten características con los productos con tallo.

por Esteban Cynowiec



Todos hemos tomado vino en vaso, incluso de plástico, y no cabe ninguna duda que el mismo vino, tomado en copa, es otro cantar. Algunos dicen que entre una copa de vidrio y una de cristal la diferencia se siente, pero, dentro de las distintas copas de cristal, ¿hay diferencias significativas en relación a las cualidades sensoriales de un mismo vino? La forma y las partes de una copa ¿tienen importancia a la hora de disfrutar un vino en particular?
Tradicionalmente una copa es un recipiente de vidrio (cristal en el mejor de los casos) que –asociada al vino- posee un cáliz, un tallo o pie y una base.
El cáliz y la base tienen sentido; una es el contenedor y la otra el apoyo, pero ¿el tallo para qué está? ¿Es pura estética o cumple una función?
A estas últimas preguntas respondería indignado un fanático: “El tallo es para que, al tomar la copa de allí, el calor de las manos no haga variar la temperatura del vino, para que no lo caliente”. Y con esa respuesta nos fuimos a dormir durante décadas tranquilos, agarrando cuidadosamente la copa por el tallo para que “no se caliente el vino”.
Pero ¿Qué pasa si la marca de cristalería más prestigiosa del mundo, saca al mercado el primer juego de copas de cristal… sin tallo ni pie?
Pues resulta que poco más de treinta años luego de que su abuelo, Claus J. Riedel, trajera al mundo la copa más perfecta del mundo -la copa Sommellier, cuyo diseño es tan sofisticado y único que incluso el Museo de Arte Moderno de Nueva York tiene una de estas copas en su colección permanente-, Maximillian Riedel crea la serie O´Riedel. Estas copas, carentes de tallo y pie, rompen absolutamente con la premisa de la necesidad vital para una copa, de poseer tallo por el cual agarrarla.
Esta línea, al igual que todas las fabricaciones de la familia Riedel desde fines de los 50´s, está diseñada sobre la premisa de Claus de que “El contenido determina la forma”, y por lo tanto, cada tipo de cepa y bebida alcohólica que existe, tiene una copa Riedel en donde, al beberla, se maximizan sus cualidades de aroma y sabor.
El formato de las copas O´Riedel es – según su creador- perfecta para el uso de todos los días y todas las ocasiones, ya que, sin perder una pizca de la obsesión por la apreciación de las cualidades de un alcohol, es de una simplicidad práctica enorme y de un diseño estético innovador. “Es divertida, se siente bien al agarrarla, tiene una estética a la moda y funciona!!!. Es fácil de usar, cabe en los lavaplatos, canastas de picnic, minibar o en una cocina pequeña, y aparte es elegante.”
Tomando como base el diseño de la línea Riedel Vinum, las O´Riedel ofrecen una copa especial (siempre sin tallo ni pie) para Cabernet o Merlot, Pinot o Nebbiolo, Syrah/Shiraz, Chardonnay, Viognier o Chardonnay y Riesling o Sauvignon. Es verdad que siempre es un problema transportar copas de cristal por el temor a que el tallo se rompa, con lo que, si estos “vasos” funcionan tan maravillosamente como el resto de las líneas, estamos frente a un cambio de imagen en relación a la cristalería de lujo para los vinos.
“Las copas más finas para propósitos técnicos y hedonistas –dice Robert M. Parker, el más grande especialista en vinos del mundo- son las fabricadas por Riedel. No puedo enfatizar suficientemente la diferencia que se produce en ellas”
Aparte de las O´Riedel, la fábrica ofrece ocho series de copas más; la famosa serie Sommellier, la Amadeo, la Vinum, la Vinum Extreme, la Wine, la Oberture, la Restaurant y la Grape, cada una con sus particularidades en la percepción y acentuación de las características de cada bebida.

Contenido y Forma
Quien disfruta del vino, se guía por su color, sus aromas y sus sabores, pero por lo general no tiene demasiado en cuenta el recipiente en el cual descansa su bebida. Con el paso de los años y los siglos de tradición cristalera de su familia, Claus Riedel juntó una serie de información científica que sustentaba la idea de que la forma del cristal influye mucho sobre los aromas y sabores de una bebida alcohólica. Su primer descubrimiento fue, obviamente mientras disfrutaba de un buen vino, que ese mismo líquido mostraba características bien distintas cuando lo bebía en distintos tipos de vasos y copas. Estas diferencias eran tan marcadas que un conocedor de vinos experimentado creería que se trataría de bebidas distintas.
El factor clave, lo determinante en un vino, es la variedad de uva de la cual nace, y los distintos varietales están relacionados con la acidez, los taninos, la fruta y el contenido final de alcohol, entre otras variables. Por todo esto, era lógico pensar que cada clase de vino (y luego extrapola a los diversos alcoholes) puede mostrar la plenitud de sus cualidades si se sirve y bebe en copas cuya forma ponga de manifiesto dichas cualidades únicas. Así nacen las líneas Riedel. Una para cada tipo de bebida alcohólica que hay.

Más estética aún
Tras dos siglos y medio de historia cristalera, la familia Riedel obviamente no fabrica únicamente copas, sus colecciones de ceniceros, floreros y otros elementos elaborados en cristal han sido desde siempre reconocidos por sus líneas estéticas de excelencia y calidad, pero desde que Claus se dedicara al mundo del vino, sus líneas de copas incorporaron otros elementos como decantadores que, sinceramente son joyas del diseño; el decantador Amadeo Lyra es tan indescriptiblemente hermoso que da lástima usarlo con vino.


Volver >>>