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Vinos & Sabores Revista


Fusión en vidrio
Arte del confín. La vanguardia y el límite


La obra del artista del vidrio Silvio Vigliaturo, que contará con un museo propio en su Acri natal, al sur de Italia, permite pensar ideas que tienen que ver con una de las palabras más comunes en nuestro medio: la fusión. Y además, como dicen los creadores del museo, poner el ojo en los límites, en el suburbio, el confín: es desde allí que suelen dispararse ideas estimulantes.

Cuando se repasan los grandes nombres de la gastronomía contemporánea, el de Tetsuya Wakuda, el maestro japonés que cocina en Sydney, es uno de los más importantes. Así como la personalidad de Ferran Adria está vinculada a una de las ideas filosóficas y artísticas más en boga, la de deconstrucción, el nombre de Tetsuya es casi sinónimo de aquel principio que suele repetirse más que lo que se comprende cabalmente: la suya, la de Tetsuya, es cocina fusión.
Fusión es una idea que trasciende lo gastronómico: veamos si esta definición le cabe: “es como el hombre: con un pie puesto en el pasado, pero todo el resto proyectado hacia el futuro”. Seguro que el maestro casi zen estaría de acuerdo con esta idea. Y de hecho, también busca, suponemos, arribar con su obra a otra instancia, que se encuentra en el centro mismo de toda idea de fusión: la de contemporaneidad. Hablar de lo contemporáneo es, antes que nada, situar un punto de intersección entre una época, un hoy, con las personas que asumen ese compromiso: hablar de yo, de ya.
Sin embargo, la idea de fusión que transmitimos, no es de un cocinero. De hecho este artista trabaja con una materia prima que está solamente en las dietas de los locos (al menos eso dicen). Y trabaja con una técnica que consiste, precisamente, en la fusión que permite expresarse a su material de otra manera: la fusión con vidrio: el vidrio en un lugar de un arte, uno contemporáneo, que indaga en su propio límite, que es el de conocimiento humano, en el borde.
Obviamente, es un borde filoso, lo cual abre una desgarradura, que la visión de las obras de Silvio Vigliaturo se encarga de producirnos. Pero al mismo tiempo, y esta es la doble función del arte, también de cerrar, abriendo a su vez, otras, otros caminos, que se cierran para, luego, volver a bifurcarse.
Las obras de Vigliaturo son, en Italia, muy reconocidas. De hecho, parte de la imagen de los últimos Juegos Olímpicos de Invierno que se realizaron en la ciudad de Torino, tuvo que ver con sus creaciones: parte del asunto de la fusión en vidrio puede asociarse con nuestro mundo cultural, aunque es tal el disfrute al que invitan que le proponemos, lector, pensarlas por un instante, dentro de la época, la cultura de la que somos parte.
Se trata de imágenes que por contemporáneas, por actuales, sugieren el futuro: ese instante en el que el presente roza lo que viene. Y es interesante, también, porque ese indica que todo pasado, siempre, responde a una llamada del futuro.
Vigliaturo nació en uno de los lugares de Italia, Acri, en Cosenza, más vinculados seguramente a una idea tradicional de lo que es la península: la Italia hija del mundo antiguo, una ciudad que fue, según las crónicas y las leyendas (hay de las dos), fundada por expedicionarios troyanos; que cuenta con viñedos que vienen de la época helénica (aquí perdió Alejandro el Moloso, el tío de Alejandro Magno), piedras que exudan sangre.
El hecho de que aquí, en el confín, en el suburbio, en el pasado se esté por inaugurar uno de los museos de la vanguardia en Europa –el Museo Cívico de Arte Contemporáneo Silvio Vigliaturo- nos habla precisamente de eso: que el arte es borde, que borda el tiempo y que todo, como el vino o el aceite de oliva, o como el vidrio incandescente, fluye de un lugar a otro, de un tiempo a otro.

¿Acri o Panosia?
Hay una ciudad mítica, por invencible. La Panosia que cuentan las historias helénicas ya era antigua en los tiempos de Alejandro Magno. Acri, la Acri en la que estará el museo, es probablemente el emplazamiento de esa ciudad en la que perdió el tío del emperador helénico, con los pueblos itálicos.
Lo que sí se sabe es que los primeros asentamientos humanos en la región vienen de la edad neolítica. El mismo centro ya es un yacimiento a cielo abierto, de la edad de Bronce antigua.
El origen de la ciudad es antiquísimo. Tanto que no se conoce el nombre de su fundador. Algunos creen que viene de los Oscos, uno de los primeros pueblos que habitaron el sur de Italia, fuente de la raza latina. Otros adjudican su origen a los troyanos y a la figura mítica de Japigio. Otros lo vinculan a un pasado griego. Lo cierto es que una extensión, aquella que va de Silas a la antigua Turio, sobre el mar Jónico con una fuerte impronta de un pasado casi legendario. La extensión del territorio, se reduce a lo largo del tiempo a las actuales 23 mil hectáreas. Como dijimos, el territorio amplio, la posición geográfica y otros datos la hicieron identificar con la antigua y famosísima Panosia, sobre cuyos muros tuvo muerte, como había dicho el oráculo de Dodona, Alejandro el Moloso, tío de Alejandro Magno, que había tomado la dirección de los pueblos italianos, para el crecimiento a manos de los lucanos.
Lo cierto es que un halo de misterio hace crecer la fascinación de estos lugares. Fascinación que crece, dado que de los misterios aún quedan huellas poderosas.
En la época feudal, fue una Comuna, es decir un régimen libre, dependiente sólo de un rey, no de ninguna autoridad vasallística. Tenía una gestión altamente democrática: participaban de su funcionamiento todos los ciudadanos. Lo cierto es que ya desde aquella época fue un espacio de pesca y de leña, fundamental para la botadura de las naves. En el 1500 el histórico Barrio evidencia que se producía vino y aceite excelente y entre sus fiambres eran de laudarse los jamones. Otros productos se destacan también por su cualidad y características peculiares.
De hecho, cerca de ahí, funciona la Bodega Serracavallo, que es mencionada habitualmente por quienes hablan del nuevo estilo de los vinos italianos. Sobre las colinas que terminan en el mar, las uvas nativas se unen a los bordeles Merlot y Cabernet Sauvignon, para dar vinos tan intensos como jóvenes.
El príncipe Sanseverino di Bisignano, por lo saludable de la región y por la riqueza y delicadeza de sus productos, a comienzos del 1700 construye una suntuosa casa. Pensaba pasar allí los meses de verano, pero terminó pasando todo el año.
Su ubicación, a mitad de camino entre el Jonio y las más bellas zonas del Altiplano de Silas, la transforman en un centro ideal para los turistas. También es un sitio ideal para los equipos de pretemporada.
El siglo XIX tiene en Acri la sede de nacimiento de una gran cantidad de escritores: tanto que es posible hablar de una literatura acrense.
En el campo histórico, la ciudad es recordada también por otro elementos: sobre sus muros se combatió en la guerra del Reino de Nápoles, también fue sede de la libertad de la República Napolitana, por la revuelta antifrancesa y antijacobina, por haber dado nacimiento al coronel Giuseppe Ferrari, que fue parte de la campaña napoleónica de Rusia, de Giovan Battista Falcone, triunviro de la Expedición de Sapri, que se suicidó en los muros de la ciudad para no pelearse con el pueblo. Además de los hermanos Vincenzo e Francesco Sprovieri, que fueron de los Mille di Garibaldi.
El visitante puede disfrutar de las bellezas naturales de un territorio riquísimo. Puede, además andetrarse en unos de sus misterios, las piedras vitrificadas de las Colinas de Serra di Buda, la piedra del Saracino, encajada en la pared norte de la antigua iglesia del gótico tardío de S. Nicola di Sales. Se dice que a la puñalada de un musulmán, la piedra expulsó sangre.
La visita puede continuar entre los lugares y los aspectos arquitectónicos del centro histórico, para admirar las obras de iglesias y monasterios, creadas por los renombrados Ernesto Biondi, Giovanni Lessi, Vincenzo Montefusco, Donato Vitali. Pero sobre todo impresiona ese clima entre señorial y suave de su estilo: mediodías tranquilos de otoño, señores y señoras a la vieja usanza, que paran para comer su pescado fresquísimo en La dolce vita, por la fragancia intensa de las flores.
Algunos de esos señores y señoras, seguramente, van a ir al Palacio que fuera, precisamente, de los Sanseverino Falcone. Allí, en esa edificación del XVIII estará la obra expuesta del artista.
El Museo Cívico de Arte Contemporánea Silvio Vigliaturo es no sólo un lugar para las obras de Silvio Vigliaturo: también es un lugar dedicado al arte contemporáneo.
En el confín
El museo guarda la colección de las obras de uno de los más importantes exponentes internacionales de la Fusión con vidrio. Además es el centro de exposiciones y un laboratorio del arte contemporáneo, lugar de encuentro e intercambio para el público, artistas y críticos.
El proyecto de un museo de arte contemporáneo actúa sobre la dicotomía entre centro y periferia. Con la voluntad de ser una periferia cultural y con el deseo de ubicarse como un espacio con identidad definida. Nace en Acri, como un punto de observación original sobre el arte contemporáneo, con los pies ubicados en un lugar que es el margen, el confín.
Dar a Calabria no únicamente un Museo, sino también un lugar de reflexión y de profundización, de resguardo a lo contemporáneo del arte, es la idea de la Comuna de Acri, más el patrocinio y la contribución de la Provincia de Cosenza y de la Región de Calabria, con la certeza de que para construir el futuro, es necesario abrirse generosamente al presente.
La Sala del Sanseverino Falcone hospedarán desde mayo del 2007, una completa exposición del arte contemporáneo, con la idea de establecer una continuidad, de dar vida a un proceso hecho de exposición, encuentros, y actividades didácticas que ubican al Museo Vigliaturo en un espacio en constantes mutaciones.
El mismo arte de Silvio Vigliaturo, punto del partida del museo, es un trabajo de investigación sobre la material y el color que sugiere una idea de proceso continuo, de constancia en el cambio: un museo moderno debe poseer un carácter mutante, ser capaz de responder a la instancia del presente y adaptarse tanto a la identidad de cada artista, del público, vinculando a ambos, como parte de una misma realidad.
Las 237 obras donadas al Museo Vigliaturo, que cuentan con la curadoría de Adriano Berengo, de la Berengo Fine Arts di Murano, representan un patrimonio importante, además de implicar un retorno de este mismo curador a la tierra natal, de la que Vigliaturo simbólicamente restituye el color y con la intensidad y la fuerza que necesariamente viene del paisaje y de las sensaciones que la tierra regala.
Esta donación constituye la colección permanente del museo, dentro del cual, las 237 obras –diseños, esculturas y pinturas- son expuestas de forma rotativa, recreando periódicamente, la misma exposición que se establece.
Las obras donadas son el éxito de una selección de la producción de Vigliaturo desde 1961 al 2004 y son el seguimiento de los períodos fundamentales de la investigación artística y los hitos de la llamada fusión.
El interior, el jardín y algunas de las 19 salas del Palazzo no ocupadas por las obras de Silvio Vigliaturo, serán destinadas a muestras, encuentros, workshops e iniciativas didácticas, dedicadas a los trabajos del vidrio y del arte contemporáneo.
La colaboración del historiador del arte Luca Beatrice, desde siempre sensible a lo contemporáneo y a la evolución del lenguaje artístico, confirma el deseo de la dirección del museo de tener un desarrollo atento a lo contemporáneo.
El vidrio como material, pero también como elección ideológica, es uno de los aspectos más importantes de la búsqueda artística de Vigliaturo: su relación con la contemporaneidad pero sobre todo por su rol de artesano, artista y alquimista, que lo pone en una posición diferente y única. Las obras en vidrio de Vigliaturo, resultado del trabajo completo del artista en su espacio de Chieri, Torino, representan también el resultado del conflicto entre la modernidad de los signos, de las imágenes y de las ideas y la esencia de un material muy antiguo.
La apertura del Museo Civico d´Arte Contemporanea Vigliaturo en Acri representa un momento fundamental para Silvio Vigliaturo, implicando también un retorno simbólico, pero profundamente sentido a la tierra natal, además de transmitir a su propio origen la riqueza de su propia experiencia artística. De aquí también el deseo de destinar parte de su museo a la actividad didáctica y de exposiciones, transformando al museo en un centro cultural dedicado a lo contemporáneo.
Revea su viaje al viejo continente en el 2007: en mayo, allá en el sur, el de las piedras vidriadas, el de las colinas que viajan hasta el Jonio, habrá una cita con el futuro líquido que se solidifica en otra forma tanto de lo líquido como de lo ígneo: el arte.


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