Volver
 
 
 
Vinos & Sabores Revista


Sheraton Colonia Golf & Spa Resort

El concierto de Colonia

Apenas a 45 minutos de Buenos Aires en Ferry, uno de los hoteles más interesantes de la región empieza a ofrecer formas del descanso, la salud y la gastronomía muy atractivas. Un estilo de turismo que consiste en habitar la belleza, en un ámbito muy próximo a las actividades cotidianas.

por Carlos Mira

 

Si bien es probable que usted lea esto un 24 de junio, dado que los temas que se tratan aquí no están regidos por la urgencia de otras formas del periodismo, es altamente improbable, que la lectura corresponda al año 1975. De hecho, también es improbable que el entorno sea el de Colonia, la otra Colonia, donde el 24 de junio de ese año, algunos pocos acudieron a uno de los momentos más notables de la música del siglo XX: ese día, un músico de nombre Keith Jarret, en Colonia, Alemania, producía un milagro, o se producía, para ser exactos junto a él, en su piano, al borde de sus dedos. Los que conocen el Concierto –que debiera escucharse, si nos ponemos exigentes, en la grabación de vinilo, para percibir todos los ecos, esos ecos que demuestran que el silencio es absolutamente parte de la música: ese eco tan lleno de música como de silencio- saben que, además de ser una especie de maratón de una muerte rarísima e interesante, una maratón porque es pura endorfina lo que se produce ahí (más endorfina que adrenalina), y porque no hay nada de la vida en esa belleza que sucede, sucedió, en Colonia, allá en el 75, es música de la buena, buenísima.
De hecho, a veces, escuchando el Concierto, nos parece que nos enfrentamos a una forma de la belleza que es intolerable: el mundo de Jarret no es el mundo, no hay sentido ni dirección (apenas una respiración tenue: más de feto o de ángel que de humanos) en ese concierto de Colonia -la otra-.
Hablábamos de belleza, pero de la intolerable. Y eso es, qué duda cabe, un objetivo de lo artístico. Pero hay otra forma del arte (más acá: mucho más cerca nuestro, como sucede en esta Colonia del Sacramento y que tiene respecto de la otra la misma distancia que nos separa de la Köln alemana) que es casi de sentido inverso a la anterior: aquella que produce una belleza ya no sólo tolerable, sino que es digna de habitar (y de avistar); la belleza habitable.
Los hoteles (los grandes hoteles, obvio) participan de ese género: belleza habitable, sí, pero con algunos plus que bien vale la pena tener en cuenta. Al ser hoteles, siempre estamos un poco de paso (aunque vivamos en ellos): esto le otorga el carácter de especial que toda belleza necesita. Dos, esa habitabilidad está regida, casi siempre, tanto por un principio de placer como otro de realidad. Tres: usamos palabras robadas al psiconálisis deliberadamente porque un Spa como el de Colonia, bien puede funcionar como preventivo de visitas al psiquiatra: salud, vida, es lo que se respira en este lugar del que hablamos.

Placer real, ciertos, de reyes
Sheraton Colonia Golf & Spa Resort está ubicado en la zona Real de San Carlos en Colonia del Sacramento –a sólo 45 minutos de Buenos Aires en Ferry- y es el único con cancha de golf y Spa en un área de más de 111 has. El hotel es parte de un emprendimiento inmobiliario que incluye un campo de golf de 18 hoyos y un Spa de primera categoría. ¿Nos explicamos? ¿Va cobrando sentido lo anterior?
Pasado el empedrado y la ciudad barroca, o sea ya entrados en una dimensión del tiempo diferente, el hotel –cuya arquitectura es una innovadora combinación colonial y moderna- se levanta a metros de la orilla del Río de La Plata y está inserto dentro del campo de golf. En una primera etapa, el hotel se inaugura con 92 habitaciones, incluyendo 4 suites principales que tienen una vista hacia el Río de la Plata. Dicen sus responsables que, en una segunda fase, el hotel abrirá otras 96 habitaciones, incluyendo otras 4 suites principales. A su vez, el hotel cuenta con un imponente Spa, un restaurante gourmet, Lobby Bar, Golf House y amplios salones para reuniones y convenciones. El Spa, como se trata de un Sheraton, es parte del Starwood Spa Collection, un concepto que integra un portfolio de cerca de 40 Spas localizados mundialemente que cumplen con los más altos estándares establecidos en materia de salud y belleza inspirados en los “Siete Pilares del Bienestar” (Agua, belleza, vitalidad, armonía, naturaleza, nutrición y equilibrio).
El Health Club del hotel cuenta con un espacio de 1.250m2 integrado por un completo Aerobic Center, 17 gabinetes para tratamientos corporales, 3 salas de hidromasajes, 3 jacuzzis, sauna seco y húmedo, un salón de belleza y una piscina interna de agua salada que se conecta con la piscina externa a través de un corredor de agua que atraviesa el frente del hotel.
Uruguay, no solo es río
Muy bien, ya bajamos de peso, ya no sentimos bárbaro. Es hora de continuar pasando de la realidad al placer. O mejor, de ir mezclando ambos en dosis apropiadas. El Restaurant Gourmet del hotel cuenta con una bodega también cinco estrellas y además ofrece un menú internacional y regional con los típicos platos de la cocina uruguaya, que incluyen una variedad de carnes y pescados, preparados por la tradicional parrilla uruguaya. Propuesta que se contínua en el Lobby Bar, ahí, como continuidad por otros medios de la cancha de golf. Durante las tardes, en el Lobby Bar sirven un té con diferentes postres, tortas y canapés, elaborados especialmente por los chefs pasteleros del hotel.
La cancha de golf fue diseñada por Emilio Serra. Este espacio ofrecerá en una primera fase 9 hoyos y los otros 9 serán abiertos durante este mismo año. La cancha está rodeada de árboles Eucaliptos y lagunas. A su vez, los putting greens ofrecen diferentes niveles de dificultad. Ya se lo advertimos, estamos hablando de una belleza habitable.
Y habitar implica, aquí, seleccionar entre un menú de actividades como tomar el servicio de alquiler de autos para recorrer la zona, realizar cabalgatas, tours de pesca, tomar clases de golf, hacer caminatas y excursiones a pie, turismo de agricultura y tours naturales e históricos.
O sea, dejarse ir tiempo atrás, disfrutando de un tiempo que en Colonia (que en ambas Colonias, la de aquí cerquita y la de Alemania) es decididamente otro. Ya no lento, sino, más bien, dilatado: claro está que la experiencia se completa si usted, cuando termina el día, abre la compactera y single malt mediante, disfruta de Jarret. Dos milagros, del mismo nombre: una forma de viajar hasta 1975, antes de 1810, o hacia el tiempo y el espacio que usted prefiera.


Volver >>>