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Vinos & Sabores Revista


Juan Carlos Solari
"El mercado internacional exige calidad y seriedad"



Un premio internacional, la medalla de oro en Vinalies 2006 a su Malbec Laborum 2006 es el principio de una charla. Salta, como espacio vinícola, aún tiene mucho que ofrecer. Y la apuesta por el terroir los hace ir desde el pasado inca hasta nuevas variantes –más actuales, más modernas- de clásicos como el Torrontés.

La unión de la vid y del olivo se llama habitualmente cultura. Quizás el lector debiera enmendar esta afirmación y agregar “cultura occidental”. Y aquí nos enfrascaríamos en una discusión vana: lo cierto es que hace casi cuatro mil años (por poner una fecha un tanto arbitraria) los hombres, reunidos en un fogón, ungidos de aceite, bebiendo vino, empezaron a contar historias y contar riqueza, inventaron a Aquiles y fermentaron la leche de oveja y se reunieron en ciudades más o menos lejanas de los volcanes, y viajaron en barco. Vid y olivo, Grecia y Tierra Santa: pero también España e Italia, conquista, inmigración (mucho más tarde, pero ahí entramos nosotros y la historia se torna presente). Obvio es que camino de Eldorado, la otra tierra prometida que estaba en el fin del mundo, de las formas naturales del paraíso, llevaron consigo, estos hombres para alumbrarse en más de un sentido, sus vides y sus olivos.
No es el objeto de este artículo que reseña una charla con el responsable de Bodegas El Provenir, con Juan Carlos Solari, avanzar demasiado en una historia de los primeros viñedos en el continente, ni en nuestro país. Pero simplemente aclaremos que la historia de la vinicultura argentina va en paralelo entre Mendoza y Salta. Y que Salta tiene tanta alcurnia, tanto pasado, como la otra región del sur y que al llevar tras de sí ese pasado tiene por tanto un enorme futuro. Pero sí cabe destacar un elemento: algo que Juan Carlos Solari y la gente de la bodega El Porvenir descubrió y nos hizo notar y pensar: que la historia del vino salteño está vinculada a ese encuentro entre la vid y el olivo y la gente - su cultura-que habitaba esos cerros, esos valles.
Vides, olivos y cultura Inca: unos vinos, los de El Porvenir, que buscan en esa tierra (o en ese conjunto de tierra y presente, de tierra e historia que se llama terroir) una explicación y sentido. Por eso: “Tanto en la bodega como en las etiquetas de nuestros vinos, usted podrá encontrar los grafismos incas. Nos interesa que nos reconozcan como parte de una región, de una cultura. Por eso usamos la manta ritual que se llama Aguayo en nuestro vino Laborum”, explica Juan Carlos.
Claro que Laborum acepta su registro zonal. Quiere expresar su zona, su lugar, su pasado. De hecho, es la suma de ese Aguayo ancestral más un trabajo que comenzó en el año 2000 con el aceite de oliva, “el hermano del vino. Cuando nos fuimos aproximando al legado de la tierra, cuando la conocimos más, compramos unas 400 hectáreas en las que ya había vides antiguas y en esas vides descubrimos un mensaje. Allí plantamos también algunas 100 hectáreas más con vides nuevas. Y sumamos la vieja bodega de los italianos, que estaba en el Centro de Cafayate: el proyecto que terminó en el premio internacional a nuestro Malbec, ya estaba en marcha”. El concepto que expresa una bodega boutique, aquel del legado de la tierra y la calidad tan inmensa como el cielo salteño, ya en marcha llega a los tiempos actuales, en los que Bodega El Porvenir de los Andes, ubicada allí, en pleno Cafayate, Salta, logra un importante reconocimiento mundial en el concurso Vinalies 2006, realizado a finales de febrero en París: el Laborum Malbec 2003 fue distinguido con una medalla de oro.
Solari explica un poco la idea, el concepto que mueve al producto: “Este vino, proveniente de vides ubicadas a 1700 metros de altura, fue criado en barricas de roble francés durante 10 meses y forma parte de la línea premium de la bodega. En el mercado local está disponible la cosecha 2002 y 2003. Esta es la segunda oportunidad en que el Malbec premium de la línea Laborum recibe una medalla de oro en Francia: también el cosecha 2002 fue distinguido con este galardón en la edición 2004 de Vinalies”. Terminados los detalles, también dice que todo eso, la calidad que se llama hoy Argentina, Cafayate (y nuevo mundo) tiene un lugar predominante en la estrategia de su empresa: “la apuesta es apuntar a la calidad y ser considerados internacionalmente como bodega boutique”. El resultado ya se aprecia. Los vinos reafirman la idea con la que trabajan.

Malbec, divino tesoro de la juventud
Hay un nombre que es casi el de un hada de cuento infantil: tiene la virtud de abrir puertas donde se pronuncie en este universo complejísimo llamado vino. Ese nombre es Malbec. Pero, entendamos que ese nombre mágico dice muchas cosas: en Salta eso significa una expresión profunda, intensa, una tierra que habla y que dice cosas que no pronuncia en otras regiones. Habla del sol y de la altura de una manera diferente: habla del cambio de clima y hay menos mermelada y más mineral en esa voz con acento quechua del vino de El Porvenir, del Malbec de aquí. Juan Carlos reconoce que "los premios internacionales aparte de abrir mercados son un gran estímulo para todos aquellos que participamos en la creación de un vino”.
Y esto es parte del trabajo de una bodega boutique como la que lo tiene como director , una empresa orientada exclusivamente a la producción de vinos premium. Premium de Salta, por supuesto. La bodega produce unas 100.000 botellas de vinos con alta tecnología, la cual es acompañada por métodos tradicionales que aseguran la correcta elaboración. Desde sus comienzos la actividad de la bodega se ha orientado hacia la producción, crianza y ización de vinos de máxima calidad. Por esta razón se mantiene un metódico control desde el momento de la cosecha de la fruta, de la elaboración y del embotellado y la guarda de los vinos. En Cafayate, la nave de crianza tiene un parque de 280 barricas nuevas de roble americano y francés. Un contexto ideal para explorar mercados, buscar rumbos.
Pero, ¿cuáles son esos rumbos? “Los mercados internacionales se consiguen con mucho esfuerzo. Pero hay una clave: además de la calidad, hay que tener en cuenta que exigen seriedad. También es preciso un crecimiento de todo el sector”. En este sentido, se piensa, una estrategia, una modalidad de trabajo: desde la norma ISO 9000 con la que cuentan, a metodología que aplican, todo incide en el producto que bebemos, que disfrutamos. Nosotros y el resto del mundo: “Somos –aclara- una empresa con un muy fuerte concepto de equipo”. Y eso en el mundo es tan valorado como un buen Malbec: “Gracias a él –ábrete sésamo- la Argentina se está haciendo reconocida en el mundo”. Pero aunque le den la importancia debida a los premios internacionales, como el Vinalies 2006, en el que este año participaron más de 2.770 muestras de 35 países vitivinícolas y cuyo jurado estuvo formado por especialistas de 26 países, tanto del Nuevo Mundo como Europa, aunque esta vez el abanico fue más amplio con jurados japoneses, chinos, rusos, húngaros y rumanos, para Solari, “el mercado argentino es pequeño y muy competitivo. Es un mercado difícil, exigente, pero posible, a través del esfuerzo y del trabajo”.

Pero no solo Malbec
Justamente, esa construcción del esfuerzo, del trabajo, es la que hace explorar, desde la mirada de la vid, de la vinicultura salteña, otras cepas, otras alternativas, otras formas de expresar aquel espíritu. De, hecho, la experiencia intenta llevar la idea de terroir aún más allá y trabajar de otra manera en un territorio tan conocido y con tanta expresión como el del Torrontés. Pero también ir más allá, a otras formas en las que Salta tiene aún mucho y muy bueno para decir, expresar, comunicarnos. De hecho, es la síntesis de una historia. Hay que recordar, que en toda la región se está produciedo un interesante replanteo. Bodega El Porvenir fue, como decíamos más arriba, fundada en 1850 por una familia de inmigrantes italianos que se asentó en el valle de Cafayate. A partir del año 1999 la bodega es adquirida por el Grupo Romero quien la capitaliza con importantes inversiones en infraestructura y nuevos viñedos para desarrollar un ambicioso proyecto vitivinícola. Los principales cepajes son el Cabernet Sauvignon, el Merlot, el Malbec, el Syrah, el Torrontés y el Chesensse. “Los europeos, a diferencia de los argentinos, son más proclives a probar vinos nuevos. Actualmente exportamos el 50% de la producción y destinamos el resto al mercado local. Nuestros planes son llevar esta proporción a un 70/30. En este contexto, nuestro principal objetivo es aquel territorio más exigente, el de los países productores tradicionales, como España, Francia, Italia y Alemania”.
Países, como se sabe, en los que el olivo y la vid, han hecho un trabajo que, al principio denominábamos cultura. Justamente, cuando pensamos en El Porvenir, pensamos en eso: en cómo los legados viajan. Nosotros siempre encontramos claves para el futuro, lo que llega, para el porvenir, antes, aún antes que después. Esa es otra de las enseñanzas que tiene para ofrecernos el vino.



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