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Vinos & Sabores Revista


Carmelo Patti
En mi caso, siempre estuvo primero la salud y la calidad del vino


¿Vinos que se venden solos, sin ayuda del marketing y sostenidos en el conocimiento del público? La historia de Carmelo Patti es la de una búsqueda de un tesoro: ese que solamente de forma provisoria podría llamarse calidad, porque encierra muchas particularidades y variantes. Vinos Premium, estilo personal, propio.

Carmelo Patti es un hombre de sonrisa inmensa. Al ver aquella expresión nos preguntamos: ¿Podrán ser unos vinos el motivo de tanta dicha para su hacedor? ¿O será que en ese andar que es el vino dentro de una copa maduraron los sueños personales que lentamente se transformaron en el vino de su razón de ser? La respuesta además de en las palabras de nuestro entrevistado está en un mapa, siempre claro para conocedores y difuso para advenedizos: ese que está trazado en la copa, ese que emerge de los aromas. Ese que nos lleva a un tesoro que, en el caso de Carmelo y su vino es secreto para mucha gente.
¿Un tesoro desconocido? ¿Es que aun hay islas –o aun continentes- sin descubrir, al menos del todo, en el mundo del vino? Claro que una cosa es el gran público y otra, muy distinta, es el gran vino.
Carmelo, y sus productos, pertenecen al segundo rubro, por cierto: “Hace quince años que no vendo mis vinos. Se venden solos”, dice Carmelo y tras un largo silencio, comienza a hilar recuerdos: este reportaje tiene el ritmo de la memoria: imágenes que vienen de lejos y que tienen la capacidad de endulzar el relato de su historia.

Italia, Mendoza
Carmelo llegó en barco desde Sicilia a la Argentina con apenas un añ- Desde muy chico acompañó a su padre en el trabajo de la tierra. “Mi viejo –cuenta- firmaba con el dedo gordo pero era más derecho que una vela, nadie dudaba de su honestidad. Me enseño el respeto: ese que tenía por sus clientes, algo que llevo por ley”.

Usted se crió trabajando la tierra...
En mi época de adolescencia me pasaba temporadas enteras cosechando.Iba a las bodegas, me hacia amigo de los trabajadores. Finalmente decidí estudiar enología y me recibí en el 71. Todas las experiencias que tuve desde chico me marcaron y me hicieron enamorarme de esta profesión.

Luego de trabajar en diferentes bodegas durante toda la década del 70, llegado 1982, Carmelo Patti recibió una invitación de Ernesto Pérez Cuesta para hacerse cargo de la elaboración de los vinos de su bodega. Tras compartir once años juntos, Don Ernesto, mendocino muy querido, de impecable trayectoria empresarial, decide vender la bodega a la firma Nieto & Senetiner y premiar a su amigo y fiel colaborador. Le ofrece dinero, viajes o vino que se había en la bodega.
Para sorpresa de muchos, Carmelo escoge quedarse con ese vino- Intimamente, sabía que lo llenaría de dicha, más aun que de dinero y de viajes. El tinto en cuestión era un cabernet sauvignon cosecha 1989 que había elaborado con racimos de un especialísimo clon que se encontraba en una finca de Agrelo.
“Tenía el vino que le había aceptado a Don Ernesto en las piletas de la bodega, pero había que afrontar la compra de las botellas y corchos para fraccionarlo”, comenta. A mediados de 1994, Carmelo decide partir de la ex bodega Pérez Cuesta para llevar a cabo su propio proyecto. Ricardo González le ofrece trabajar en Lagarde, en donde tendría una pileta destinada para su vino. Patti elabora su amado cabernet de Agrelo.
Mientras tanto, la finca ubicada en Agrelo, conocida bajo el nombre Colonia Furlotti, había sido adquirida por Bodega Norton.
Todos sabían el aprecio que Carmelo tenía por esos viñedos y lo estimaban mucho especialmente Jorge Riccitelli y Carlos Tizio, quienes se encontraban al frente de la gran bodega en aquel entonces. Por varios años más, hasta el 2002, el destino de esas uvas fue impensado para otras manos que no fuesen las de Carmelo. Así y todo, el hombre del cabernet sauvignon, precavido y cauto, se encargó de plantar sus propios barbechos y estacas del clon en la finca de un amigo, ubicada en Perdriel, de donde actualmente se provee de uva.
Pasadas las cosechas 96 y 97, llegó un nuevo año con aires de cambio para Carmelo. Como si los números ejercieran alguna influencia sobrenatural sobre los hechos, el 98 se prestó para revisar y ampliar el boceto del proyecto original comenzado en el 89. La situación no fue casual, se trató de un año muy malo para la vitivinicultura, de muchas lluvias, cuyos únicos frutos aprovechables fueron los nacidos bajo la reflexión.

De las crisis, oportunidad
En ese momento Carmelo emprendíó un nuevo capítulo en su camino. Como las veces anteriores, recibió el apoyo económico de un cliente, amigo, enamorado de sus vinos y juntos compran El Lagar, una pequeña y antigua bodega ubicada en Drumond.
Mil novecientos noventa y nueve fue la primera añada nacida de las piletas de El Lagar.
Se trató de un malbec y, a partir de entonces, Carmelo Patti se ha dedicado a elaborar pequeños lotes de cabernet sauvignon y malbec premium en un estilo muy personal. Su clásico espumante y su último hallazgo, un assemblage de cabernet sauvignon y malbec que se lanzará al mercado en breve. A lo largo de las diferentes épocas vividas, Carmelo, ha mantenido, ante todo, su inamovible convicción de respeto por el consumidor.
“Trabajando en diversas bodegas experimenté que durante los momentos económicos más críticos muchos optaban por reducir la calidad del vino. Esto me llevó al objetivo de producir por mi cuenta. Cuando tuve que bajar costos, nunca lo hice a costa de la calidad”.
El estilo Patti acendrado a lo largo de treinta años de profesión se traduce en vinos de especial carácter y equilibrio alcanzado por la riqueza de sus uvas, el añejamiento en barricas exclusivamente francesas y una prolongada estiba en botellas.
La imagen clásica de sus vinos reflejada en el packaging, especialmente en sus etiquetas, nos tentaría a pensar que Carmelo es un tradicionalista a ultranza. Pero, ¿es tan así?

Usted parece manejarse únicamente con parámetros tradicionales. ¿Veremos alguna vez un Carmelo Patti con tapa a rosca?
¿Por qué no? El problema que tenemos actualmente no lo ocasionó el corcho de calidad sino la gran cantidad de corchos aglomerados que hay en el mercado y, frente a ellos, los tapones sintéticos o tapas a rosca aparecieron como una solución. Previendo que sea cada vez más difícil proveernos de buen corcho, he hecho ensayos con tapones sintéticos en mi cabernet sauvignon 2003 pero todavía no obtengo ningún resultado. Quisiera esperar 5 o 6 años para observar cómo se comporta el vino. Estoy dispuesto a la posibilidad de usarlos siempre y cuando mi experiencia no me indique lo contrario.

¿Qué opina con respecto a la tendencia actual de elaborar vinos que salen rápidamente al mercado y son más fáciles de tomar?
Actualmente el consumidor busca diversidad. Los vinos ligeros no son mi estilo pero brindan una muy buena solución a la gran demanda. A mi me gusta la estructura, lograr complejidad con el paso del tiempo. Me entusiasma la crianza y estabilización que adquieren mis vinos luego de permanecer un tiempo considerable en barrica. Y me intereso mucho por ese proceso de crianza. La complejidad de los aromas de mis vinos es el resultado de la calidad de sus uvas más que del aporte que pueda hacer una barrica nueva.

¿Cómo se logran los estándares de calidad? ¿Cómo se hace para que no varíe tanto un vino de un año a otro?
Como enólogo he ido madurando mi forma de elaboración a medida que fui adquiriendo experiencia y conocimiento. Mis vinos han evolucionado en cuanto al estilo pero, siempre apunté a la mejor calidad que podía lograr en cada momento. Creo que es la constante que he mantenido. Quien prueba un vino del 97 o del 03 lo comprueba.

Existe cierta tendencia a ver a los enólogos como químicos. Cada vez más parece que el laboratorio vence al viñedo...
El enólogo debe ser amante de su profesión y no ser un mero alquimista. Debe recorrer el viñedo, degustar la uva y mancharse las manos con el mosto buscando elaborar un vino lo más natural posible. El que está realmente metido en la elaboración la vive diferente y los resultados que obtiene son diferentes.

¿Qué debe priorizar y que debe resignar un hacedor de vinos?
En mi caso, siempre estuvo primero la salud, la higiene y la calidad del vino a costa de no tener un ámbito de trabajo lujoso.

¿Cuál es el espíritu que debería tener la industria vitivinícola argentina?
Debería valorarse más el trabajo en conjunto. Que haya más apoyo entre profesionales, menos egoísmo. Que todos defendamos lo que tiene futuro. Que no se arranquen vides con potencial en el medio de una región vitícola para construir un salón de fiestas.

¿Le gustaría elaborar vinos fuera de Mendoza?
Fantaseando, solo elaboraría torrontés en Salta. Quizás, esos tintos tan aromáticos que allí se pueden dar. En realidad dentro de mi plan no está hacer vinos blancos porque no puedo guardarlos prolongadamente. La necesidad me llevó a elaborar únicamente tintos que puedan resistir la guarda.

¿Cómo sintetizaría la filosofía Carmelo Patti para hacer vinos?
Mi gran ambición cuando comencé a desempeñarme como enólogo era lograr trabajar por cuenta propia. Mi deseo actual es poder comprar el viñedo de ocho hectáreas de mi amigo. Por eso, decidí elaborar mi assemblage enfocado en lograr un vino de calidad que pueda venderse a un precio más elevado, cuya venta quiero destinar a la compra de la finca de Perdriel. No cambiaría nada de lo que tengo y la forma en que lo he ido logrando. No tengo otra ambición más que disfrutar de mi familia, de mi trabajo y poder entregarle a quienes gustan de mis vinos una experiencia de satisfacción que puedan recordar.

Así se conoce a Carmelo: siguiendo muy de cerca su camino, su andar parejo y constante. Y así es como sus clientes dejaron de serlo para convertirse en fieles seguidores, casi en fan, amantes de sus vinos: ¿será una cuestión de pasión o de simpleza? O al fin y al cabo: ¿no se trata de lo mismo?


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